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El que siempre cuenta historias

El que siempre cuenta historias
EREVÁN, 24 DE MAYO, REPÚBLICA DE ARMENIA/ ARMENPRESS. Por supuesto, la pintura de Hakob Hakobián "Madre alimentando al niño" no se debe comparar con las imágenes idílicas de Rafael de una madre amamantando... Si las pinturas de Rafael expresan el culto a una madre que amamanta, su orgullo y preocupación instintiva por su hijo, lo que se conoce desde la imagen mítica de la antigua diosa egipcia Isis, que encarna el ideal de la maternidad, la imagen de la madre de la pintura de Hakobián condensa el dolor y la tristeza irreparable de la historia del pueblo armenio, las ganas de vivir...
Hakob Hakobián dice sobre sí mismo. "No soy un gran artista, famoso como Sarián, no es así, no todos pueden ser grandes, no todos los escritores pueden ser Charénts. Para mí trabajo todo lo que puedo, pinto y la gente cree que no estoy insatisfecho con mi vida”. Digamos simplemente que al arte no le gustan esas comparaciones, porque si hay arte, se compara de otra manera, en los medios de expresión, en la forma, en el propósito. Como una persona es diferente, su cosmovisión, su obra y la diversidad es lo interesante de la vida, la fuerza motriz. Es imposible admirar infinitamente o alimentarse solo de las pinturas de Rafael, de los colores de Sarián o de las tonalidades de Hakobián, como es imposible leer infinitamente a Charénts o Terián ... El mundo del arte es interminable como la vida, y todos tienen algo que decir, de dar su parte para completar ese mundo, independientemente de las apreciaciones subjetivas que se les hagan, de grandes y pequeñas calificaciones.
La paleta de Hakob Hakobián se acerca más a la de Terlemezián, a la maestría de decir mucho con pocos colores. “No tengo una gran gama de colores, como Sarián, Minás, Kalénts. Tengo una gama muy limitada: blanco, gris, ocre, así es. Si pruebo rojo-azul, no funcionará, será falso. Pero cuando pinto en negro, blanco, ocre, la gente lo acepta. Esta es mi pintura”, así describe el artista su arte. Y, de hecho, lo que pinta Hakobián es imposible de imaginar en colores brillantes, como "No a la bomba neutrónica", "Congoja", "Madre alimentando al niño", "Figura de mujer egipcia sentada", "Mi alma a veces lloró y a veces se regocijó", "La mujer con espejo", y así sucesivamente.
Las pinturas y esculturas surrealistas de Hakob Hakobián a menudo carecen de personas, de la cara y la cabeza, incluso el cuerpo, el mundo interior, lo que da que pensar. La obra de cartel "No a la bomba neutrónica" resume toda una filosofía con los cuerpos desaparecidos de una multitud vestida a la usanza clásica, con las cabezas perdidas del pensamiento extraviado. La idea y la introducción de la bomba de neutrones es la autodestrucción, el exterminio de la especie humana. Los edificios están en pie, hermosos y vacíos. No hay nadie vivo... Soledad, encierro, desesperanza, falta de salida, tristeza implacable, cuidado y dolor, esfuerzos por aferrarse a la vida. Estas imágenes nos miran desde las pinturas de Hakobián y dan testimonio del alma emocional y la compasión del artista por las personas. El caso mencionado anteriormente, "Madre alimentando al niño" es especialmente impactante: no hay felicidad en la madre que alimenta al bebé, está la ansiedad habitual del corazón de la madre hacia su destino, y si miramos de cerca, el recién nacido no es tanto un recién nacido, pero no hay forma ya de criar a un chico esquelético completamente desnudo, débil e indefenso, como inspirar vida a una madre consumida... No hay imagen proyectada, así como no hay perspectiva. Es un muro y una soledad, un esfuerzo sobrehumano por romper con la desesperación... Así vivió el pueblo armenio en sus días de genocidio, así lo sintió el artista desde la añoranza por su abuelo martirizado en Der Zor, que no tuvo la suerte de verlo en vida... Esto es Armenia Occidental, la Armenia víctima de la masacre turca, que no pierde las ganas de renacer, de vivir...
Hakob Hakobián nació el 24 de mayo de 1923 en Alejandría, Egipto. La infancia difícil quedó plasmada como una gran tragedia nacional que no lo abandonó en sus días, se convirtió en objeto de protestas individuales, de luchas, de creaciones. El primer cuadro que vio y se sorprendió fue el conejo pintado por su padre. Tenía cinco años, pero en el acto le repitió a su padre, esta vez lo sorprendió, pero la suerte no sonrió a la compañía de padre e hijo. Tenía once años cuando murió su padre, dejando a la familia al cuidado de la madre de tres hijos, y aunque las mujeres no solían trabajar en esa época, la madre se vio obligada a hacerlo. Para aliviar las preocupaciones de su madre, Hakob pidió que lo enviaran pupilo al colegio Melkonián. Allí permaneció siete años, no terminó, estaba lejos de su familia, sometido a condiciones de educación carcelaria... Se especializó en la Academia de Bellas Artes de El Cairo y en la Grande Chaumiere de París. Ya era un artista famoso que vivía en París, participante y ganador de festivales mundiales, exposiciones, bienales, cuando en 1962 vino con su familia a vivir definitivamente en Armenia. "Vine a mi patria desde el extranjero. Esto significa que Armenia es mi último refugio”, dijo, y así sucedió. Armenia le dio la bienvenida con nuevos colores, pero el artista la vio con los suyos propios. "Armenia es un material inagotable para un artista. cada uno toma su propio color. No soy un pintor de colores brillantes”, confesó una vez más el talentoso artista y describió así su pincel. Martirós Sarián testificó sobre él. "Él puede hablar con la naturaleza". Y la pintura le es dada al hombre por naturaleza, dice convencido Hakob Hakobián. "La pintura no tiene edad. Las pinturas realizadas en las cuevas no envejecen, aún ahora mantienen su valor. El artista siempre cuenta una historia en sus cuadros.” Sí, su pintura no es un juego de colores. Está la vida humana y la gran filosofía de la vida.
El último descanso de Hakob Hakobián está en el Panteón de Komitás, rodeado de nuestros grandes, donde está el reino de la eternidad...
Eleonora NERSISIÁN







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